De una idea a una página publicada
Estas guías salen siempre por el mismo camino. Puesto en orden, es así.
Primero: una pregunta que quedó sin respuesta
Casi siempre nace en el camino: algo que nadie explicaba bien y que costó plata o costó horas averiguar sobre la marcha.
Si esa pregunta ya está bien contestada en otro lado, se cita ese otro lado y la nota no se escribe.
Segundo: hacer el tramo y anotar
Cargas, kilómetros entre surtidores, horas efectivas al volante, altura donde el motor empezó a acusar. Se anota en el momento, en papel, porque a la noche ya no es lo mismo.
Si el tramo no se hizo, la guía lo dice con todas las letras y se apoya en quien sí lo hizo.
Tercero: contrastarlo con gente del lugar
Mecánicos, gomeros y quien atiende un surtidor a cien kilómetros del siguiente. Se los cita por el oficio y por el tramo, nunca por el nombre.
Ahí cae la mitad de las certezas del viaje. Lo que uno vio una vez suele ser lo que pasa un martes de octubre y no una ley del camino.
Cuarto: publicarla con fecha y volver
Los números salen en rangos, con el mes del chequeo, porque una traza cambia y un surtidor cierra.
Cada nota lleva la fecha de la última revisión de verdad.
Cuando alguien avisa que algo ya no es así, se verifica y la corrección queda anotada al pie.
Si vive sobre alguno de estos caminos y ve algo mal contado, escriba. Su semana de trabajo ahí vale más que nuestra semana de viaje.