Recorrido
Dónde se corta el día cuando entre pueblo y pueblo no hay nada
En el norte la etapa no la define el cansancio: la define el próximo lugar donde hay agua, nafta y dónde dormir.
Publicado 5 de junio de 2026 · Actualizado 28 de octubre de 2026
El mapa que sirve es el de los servicios
Antes de mirar cuántos kilómetros hay, conviene marcar tres cosas sobre el recorrido: dónde hay surtidor, dónde hay gomería y dónde hay lugar para dormir. Suelen coincidir en los mismos pueblos y ser bastante menos de los que uno imaginaba.
Entre dos de esos puntos puede haber ciento cincuenta o doscientos kilómetros sin nada. Ese número, y no el total del día, es el que decide la etapa.
Con los puntos marcados, el recorrido queda partido casi solo. Lo que suele pasar es que quedan cinco etapas donde uno había planeado tres.
A qué hora conviene salir
Temprano, y no por romanticismo. En la puna el viento se levanta a media mañana y sopla fuerte hasta la caída del sol, y en verano las tormentas se arman a la tarde.
Salir a las siete deja el tramo expuesto hecho antes del mediodía y permite llegar con luz aunque el día se complique.
Manejar de noche en estos caminos es otra cosa distinta: hacienda suelta, banquinas blandas, camiones y ninguna referencia. Cuando se puede evitar, se evita.
La temporada de lluvias cambia el mapa
En el norte llueve fuerte de diciembre a marzo, casi siempre por la tarde y en poco tiempo. El agua no queda en el camino: baja de los cerros y lo cruza.
Los badenes y los ríos que cruzan la ruta pueden estar secos a la mañana y llevar agua a las cuatro de la tarde. Bajan tan rápido como suben, así que esperar suele ser mejor idea que cruzar.
Ninguna cuenta sobre profundidad de agua vale en un río de montaña: arrastra piedras y cambia el fondo. Si no se ve el piso, no se cruza.
La velocidad real en ripio
En un ripio bueno se anda entre cuarenta y sesenta por hora, y eso es un promedio honesto, no una precaución excesiva. En el corrugado, ir más rápido se siente más cómodo y es exactamente cuando el auto deja de tener agarre.
Detrás de otro vehículo no se ve nada. Conviene quedarse muy atrás o pasar de una vez, y no quedarse en la nube a media distancia.
Sobre esa velocidad se calcula el día. Cien kilómetros de ripio son dos horas largas, sin contar paradas ni fotos, y son bastante más de dos si el camino trepa.
Los tramos donde no hay absolutamente nada
Hay caminos donde en tres horas no se cruza un vehículo y no hay señal de celular en ninguna parte. No es una situación peligrosa en sí, pero cambia el margen de error de cualquier problema chico.
Antes de meterse en uno de esos tramos: tanque lleno, agua a bordo y alguien que sepa por dónde va y a qué hora debería llegar del otro lado.
Si el auto queda parado, la regla que repiten todos los que viven ahí es quedarse con el auto. Es lo único visible desde lejos y lo único que da sombra.
Dónde termina el día
En pueblos chicos hay dos o tres lugares para dormir y en temporada se llenan. Llegar a media tarde es la diferencia entre elegir y seguir viaje hasta el próximo.
Dormir muy arriba no es lo mismo que pasar por ahí de día. Muchos prefieren cerrar la etapa más abajo aunque implique una hora más de manejo.
Cómo le cae a cada uno la altura es un asunto médico y personal, y esa consulta es para un médico antes de salir, no para un sitio de rutas.
La vuelta es una etapa más, no un trámite
El día de regreso suele ser el más largo del viaje y el que se planifica peor, porque para entonces uno ya conoce el camino y lo subestima.
Si hay un vuelo o un compromiso al final, conviene dejar una noche de margen en una ciudad con servicios en lugar de calcular justo.
Volver por otro camino es tentador y casi siempre agrega horas. Se decide con el mapa de servicios en la mano, no en el último desayuno.
Información general. Caminos, cortes y surtidores cambian sin aviso: conviene confirmarlo en el lugar antes de comprometerse con una etapa.