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PraexRutas largas en auto

Autonomía

Combustible: la autonomía real y los surtidores que faltan

La autonomía que figura en la ficha del auto se midió en llano, liviano y sin viento. Ninguna de las tres cosas pasa acá.

Publicado 23 de julio de 2026 · Actualizado 28 de octubre de 2026

Boca del tanque de combustible y su tapa, en primer plano
El tanque lleno al salir de una ciudad es la decisión más barata del viaje.

Por qué el consumo sube tanto

Cuatro cosas se suman en el norte: el auto va cargado, hay viento casi todos los días, buena parte del camino es ripio o subida, y en altura un motor con carburador anda rico.

Con todo eso junto, un consumo entre un veinte y un cuarenta por ciento mayor que el habitual es lo normal, no la excepción. En tramos de cuesta continua puede ser más.

La cuenta útil es simple: tome su consumo real de ruta, súmele un tercio, y planifique con ese número. Si sobra nafta, no pasó nada.

La regla de cargar donde hay

El tanque se llena al salir de cualquier ciudad, aunque falte poco recorrido, y no se pasa de largo un surtidor con menos de medio tanque.

Suena exagerado hasta la primera vez que uno llega a un pueblo donde el surtidor está sin atender. Ahí la diferencia entre medio tanque y un cuarto es la diferencia entre seguir y esperar.

En los cruces conviene cargar aunque el precio sea más alto. La nafta cara del pueblo chico es siempre más barata que una noche imprevista.

Bidón de metal liso apoyado en el piso de un baúl abierto, visto desde arriba

Faltantes y horarios

Los surtidores de pueblo cierran al mediodía, a veces atienden por la mañana y no por la tarde, y en algunos casos el camión de reposición se demora días.

Que un surtidor figure en el mapa no significa que tenga combustible ese día ni que atienda a la hora en que uno pasa.

Conviene llevar efectivo en billetes chicos. Sin señal no hay tarjeta que funcione, y el fin de semana largo tampoco hay cajero con plata.

Llevar combustible a bordo

Se lleva en un bidón metálico o plástico pensado para eso, cerrado, y sujeto de manera que no golpee. Nunca dentro del habitáculo y nunca abierto ni un rato.

Diez o veinte litros alcanzan para resolver casi cualquier tramo del norte. Más que eso es peso, riesgo y una tentación de estirar etapas que no conviene estirar.

El bidón no se llena hasta el borde: con calor y altura el combustible dilata y empuja. Y para pasarlo al tanque, un embudo con filtro evita que entre lo que se juntó en el fondo.

Calidad, octanaje y agua

En pueblos chicos suele haber una sola calidad y a veces ni eso. Un motor que pide alto octanaje puede sonar en las subidas con lo que consiga; bajar la exigencia y subir menos vueltas ayuda hasta la próxima carga.

En surtidores de poco movimiento a veces aparece agua o suciedad. No es frecuente, pero un filtro de nafta nuevo antes de un viaje largo es barato y evita el problema.

Si después de cargar el auto anda con tirones, la primera sospecha es el combustible y no el motor.

Ruta recta perdiéndose en el horizonte bajo un cielo enorme

El gas no acompaña en estos caminos

Fuera de las ciudades, las estaciones con gas son escasas y muy separadas entre sí. Un auto convertido termina haciendo el viaje a nafta, con el tanque chico que le quedó.

Antes de salir conviene calcular la autonomía real en nafta, no la combinada, porque es la única que se va a poder usar en los tramos largos.

Eso también significa menos lugar en el baúl, que es exactamente lo que hace falta para el agua y la rueda de auxilio.

Las cuentas antes de salir

Se busca el tramo más largo entre surtidores del recorrido, se lo divide por el consumo pesimista y se compara con el tanque útil, que no es el tanque nominal: los últimos litros no son de fiar.

Si el resultado deja menos de un veinticinco por ciento de margen, hay que llevar bidón o cambiar la etapa. No hay una tercera opción.

Durante el viaje, anotar kilómetros y litros en cada carga da el consumo verdadero de ese recorrido en dos paradas. Es más confiable que cualquier aguja y que cualquier computadora de a bordo.

Información general. Caminos, cortes y surtidores cambian sin aviso: conviene confirmarlo en el lugar antes de comprometerse con una etapa.